GRUÑIDOS DE PERROS, QUE NOS DICEN?

El perro es un animal jerárquico que, según el grado de dominancia que desarrolle, proyectará dicho impulso de liderazgo hacia sus congéneres y hacia su propio dueño.

Cuando se observó el comportamiento de una jauría de lobos en libertad, se vio que no mantienen una actitud muy dominante en el grupo y solo los machos reproductores ejercen el liderazgo del grupo.

Pero la dominancia no es un mito, cuando un cachorro nos gruñe a la hora de bañarlo o cepillarlo es porque lo que trata de conseguir es evitar esta acción y salirse con la suya. Por esta razón, emplea el gruñido y el posible mordisco con el fin de probar nuestro nivel de permisividad o de seguridad.

Si nosotros, ante su gruñido, reaccionamos no haciéndole caso a su respuesta, lo que habremos conseguido es que el animal haya ganado el “combate” y con él, haya reforzado su instinto jerárquico.  Y si encima tratamos de distraerlo con comida o ignoramos su conducta, habremos conseguido su refuerzo inmediato, que es “que le dejen en paz” o que encima le refuercen positivamente por este comportamiento. La próxima vez lo hará cuando le intentemos quitar un hueso, cuando le intentemos bajar de un sofá o al retirarle el comedero.

En ocasiones, cuando le damos la orden para que se baje del sofá o de la cama, el perro gruñe porque considera que “son suyos” y así muestra su desagrado al intento de obligación.

Los perros deben aprender desde cachorros que todas las cosas de la casa, incluso sus pertenencias, son del líder, y que sólo dicho líder se las permite tener o usar.

                 El problema llega cuando el perro entiende que el líder es él.

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En este caso, se transformará en un animal “déspota y autoritario”, aunque cariñoso cuando le interesa, y no permitirá que se le lleve la contra, tomando así la posesión de la casa: o sea el sofá, la cama, su hueso, la comida, serán únicamente de él.
Para la vida en familia no es conveniente elegir un cachorro muy dominante, ya que en el futuro resultará un problema, siempre tratará de rivalizar con nosotros y  Si no lo logramos dominar, se convertirá en un perro peligroso para el dueño, la familia y otros animales.

Conocer las señales de estrés a todas las muestras con las que un perro, por medio del lenguaje corporal, indica que la situación es incómoda para él es una de las formas de llegar a colaborar para que estas situaciones no se sucedan. Éstas pueden ser: lamerse la nariz, agachar las orejas, mantener la boca cerrada con gesto preocupado, mirar de reojo, agitar la cola de manera nerviosa. Todo nos está indicando que él no se siente cómodo con la situación que está viviendo.

Cuando las señales de estrés o de calma no han funcionado para el perro, es decir, cuando no sabemos qué significan y las ignoramos, estas señales pueden dar lugar a las señales de advertencia, que surgen cuando el perro ha visto que no entendemos que está incómodo: gruñir, enseñar los dientes, ladrar y morder.

A veces también ignoramos las señales de advertencia, o peor aún, las reprimimos: regañamos al perro cuando gruñe, le gritamos cuando muestra los dientes, etc. Entonces, el perro entiende que lo que no nos gusta es que gruña, que muestre los dientes o que ladre y ¿qué pasa? Obviamente no vuelve a gruñir, no vuelve a mostrar los dientes, simplemente  recurre directamente a la mordida.

   Los gruñidos pueden formar parte del juego.

 

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