NIÑOS Y MASCOTAS, CUIDADOS Y RESPETO DESDE EL PRIMER DIA EN CASA

Los psicólogos infantiles están posicionando a las mascotas como punto cardinal en la educación familiar. La mascota, singularmente los perros, se están consolidando como una de bases más sólidas para inculcar en los niños sentimientos de responsabilidad, enriquecimiento su personalidad y capacidad de sacrificio. Las mascotas son ya parte importante en la vida de los niños y, en la mayor parte de los casos, su cuidado y tutela se ha consolidado como una experiencia positiva para todos los componentes de la familia.

La convivencia entre el niño y los animales domésticos “genera reacciones afectivas que enriquecen su personalidad, haciéndole crecer como persona”. En general, los psicólogos infantiles aseguran que “un niño que aprende a cuidar de un animal y a tratarlo con cariño y con paciencia adquiere un adiestramiento invaluable de aprendizaje para tratar a las personas de igual manera”.

Niños y animales domésticos se benefician mutuamente de esta incipiente amistad. Un niño que cuida de su mascota gana en autoestima ya que se siente responsable del cuidado de un ser vivo. Una de las experiencias vitales que marcan el paso de la edad infantil a la pubertad y la juventud es la capacidad de compartir, ceder y sacrificarse por otro ser vivo. A la larga, estas tres actitudes de comprensión y mutua donación son los distintivos del amor. La mascota puede ser el primer ser vivo ajeno al niño, con el que no ejerce una posición de egoísmo, sino de entrega y cuidados.

El niño suele escoger a sus muñecos o peluches como los primeros destinatarios de sus confesiones íntimas. Cuando ese peluche se convierte en un ser vivo y muestras signos de agradecimiento y expresiones de reciprocidad con el niño, éste ha conseguido pasar con éxito el primer ensayo de un sentimiento de “ida y vuelta”. Una buena relación con una mascota puede ayudar a desarrollar la comunicación no verbal, la compasión y la empatía,  esta convivencia y comunicación entre mascota y niño “enriquece su personalidad, ya que le enseña a dar y recibir cariño.

Pero no sólo se trata de estos incipientes pasos en los que es la afectividad con sus semejantes, sino que el contacto con animales domésticos facilitará la inserción del niño en la Naturaleza, facilitando al bebé las primeras enseñanzas sobre el respeto de otros seres vivos. Poniendo al niño en contacto con la naturaleza, lo que ayuda a estimular su imaginación.

Conviviendo con los animales domésticos, el niño reconoce en otro ser vivo su trayectoria vital, recibiendo lecciones acerca de la vida, de la reproducción, el nacimiento, las enfermedades y la muerte de un ser querido.

 

Lo primero que debe tener en cuenta una familia es que la elección de la mascota debe ser una experiencia positiva, una muestra de convivencia global de la familia y un ejercicio de planificación de todos los componentes del hogar.

En la elección deben pesar las cualidades de la raza, pero no debe ser decisiva. La convivencia con la mascota genera una corriente de simpatía cualquiera que sea el carácter del animal doméstico que llegue a casa.

Junto con la raza, la familia entera debe de valorar el tamaño de la vivienda y el modelo de vida de esa familia, los horarios de sus componentes, las obligaciones que asume todo el núcleo familiar. En suma, todos los componentes de la familia deben de compartir las obligaciones que llegan al hogar con este nuevo ser que se incorpora al grupo.

El veterinario es pieza fundamental en la elección de esa mascota. Este profesional conoce no sólo las cualidades de cada raza, sino los cuidados que exige y que pueden ser asumidos por los niños que forman el hogar.

Además, el veterinario sabrá valorar el estado de salud de los componentes de la familia, analizando si en ella hay alguna persona que sea alérgica a los perros o a una determinada raza de perros.

Una vez escogida la mascota, hay que cuidar de ella. La forma de participar en esos cuidados es donde el niño ensayará nuevas destrezas sociales. El reparto de tareas y responsabilidades tiene que constituir el punto de partida de una educación compartida por todos los miembros de la familia.

No hay que dar demasiadas responsabilidades a los pequeños de la casa. Un niño menor de 4 años, no tiene capacidad para controlar sus propios impulsos de agresividad y pueden dañar la convivencia con los animales. Además, hasta los 10 años, un niño o niña no son capaces de cuidar por ellos mismos a un animal que puede ser de un tamaño muy superior al suyo. Precipitar la  toma de responsabilidades de los niños  en el cuidado de la mascota puede acabar con la pacífica convivencia entre ambos Los pequeños acaban renunciando al cuidado de la mascota que queda bajo la total responsabilidad de los padres.

Ahí es donde entra en juego una nueva responsabilidad para los padres. La forma en la que estos cuiden de los animales será un ejemplo que los niños seguirán al pie de la letra. Lo primero que deben hacer los adultos de la casa  es dar a conocer a sus hijos todas las necesidades que tiene el animal. Tienen que inculcar en sus hijos que las mascotas, como cualquier otro ser vivo, necesitan alimentación, ejercicio, cuidados corporales y las inevitables manifestaciones de cariño. Los niños aprenden a ser dueños responsables de una mascota simplemente observando el comportamiento de sus padres.

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